jueves, 9 de febrero de 2012

Refugio


Más que feo, nos parece un rincón triste, de una tristeza solitaria, desvencijada, nadando en un olor fuerte e indefinible. Y quizá no  sea así para quien lo vive como refugio. El calendario, por ejemplo, puede ser algo  obsceno o la puerta a un breve paréntesis de sueños placenteros para quien es posible que no pueda vivir demasiados. Los objetos dispares distribuidos aparentemente al azar, con certeza significan algo para su dueño. No están abandonados nos dice la manta doblada.
 El desagrado hace que no queramos  abrir esa puerta. O el respeto. Por triste y húmedo que nos parezca el lugar en su dejadez, alguien lo habita, alguien que quizá necesite la irreal y cálida compañía de la mujer del calendario.

viernes, 3 de febrero de 2012

Sal marina


Montañas de sal marina. Ningún salinero a la vista. Nadie. En esta imagen nada nos recuerda que estamos en una isla ahora conocida por su temporada de ruido y multitudes. Muy al contrario nos transmite, con el blanco matizado de la sal y con la nitidez del amarillo de la máquina en reposo, el silencio que descubre la complejidad de la vida. Con qué facilidad nos dejamos deslumbrar por lo que brilla aunque conozcamos la existencia de mundos secretos tras esos focos.
Instantánea de un trabajo antiguo y vivo aún, cambiante y que, con tantos otros, constituyen el fondo más real y característico de una  tierra. Sal y máquina descansan del esfuerzo de quienes las mueven y la calma de un mar ausente empapa los blancos, amarillos y grises. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Proa



La imagen nos muestra una escena cotidiana y clara: un hombre mira el puerto y el mar desde lo alto de la ciudad. Pero algo hace que miremos la fotografía una y otra vez. La cámara nos dice más, no sabemos exactamente qué. ¿Lo sabía quien quiso guardar esa escena? ¿Lo intuía? Nada de símbolos. No. Algo igualmente real pero oculto bajo capas de cotidianeidad y que se deja ver lo suficiente como para atraparnos en la aparente simplicidad de lo que nos muestra.
Ese espacio que nos dirige con su flecha a una especie de vacío, arrincona a alguien en sus márgenes. O ese alguien se instala allí. Tal vez no sea eso lo que nos quiere revelar la cámara. Tal vez lo que intenta comunicar la imagen nos intriga, nos obliga a volver sobre ella, precisamente porque no podemos estar seguros de su realidad secreta ni de que ésta resulte de la voluntad de quien la captó. Nos quedamos a escuchar lo que nos dice mirando lo que nos deja ver.

martes, 24 de enero de 2012

O cavalo vermelho


 O cavalo vermelho -el caballo rojo- llaman los viejos campesinos de algunas zonas de Portugal al fuego desbocado de los incendios forestales. Cabalga por sierras y campos entre crepitar de llamas, humo y viento abrasador. Aterra, hipnotiza y destruye.
Una hoguera, como la de la imagen, es fuego semidomesticado que nos protege del frío y aleja la oscuridad del bosque. Podemos dejarnos hipnotizar por los colores ondulantes de las llamas que dibujan figuras fugaces, nos calientan y hablan con un crepitar que a veces grita. Sonidos, olores, amarillos, rojos y negros nos acompañan, conjuran la soledad y el miedo.
Sin embargo...el humo que sube con fuerza, los bordes inestables del espacio que ocupa la hoguera, la persistencia de las llamas, nos recuerdan que el fuego no es un caballo doméstico. Sólo lo hemos domado temporal y provisionalmente.  


miércoles, 18 de enero de 2012

La transportista




Ajena a cualquier mirada, nos atrae precisamente por eso. La simplicidad de líneas y la sobriedad de esta mujer se convierten en una forma de camuflaje que quizá necesite en el todavía mayoritariamente masculino mundo de los transportistas.
Su trabajo en una gran ciudad exige concentración, rapidez, habilidad y eso es lo que  ella transmite, aunque por un momento la expresión de su cara nos dice que se ha ido lejos. Un viaje corto, no hay más tiempo.
Nos atrapa esta mezcla de juventud y seguridad. Mantiene nuestra atención en la protagonista de una escena, aparentemente banal, con la que hemos tropezado dentro del enorme lienzo brugheliano de la ciudad.

miércoles, 11 de enero de 2012

Cerrar los ojos




Podemos decir realmente: ¡Qué hermosa es la Tierra! Ante lo que intentan captar las imágenes, tan iguales en sus contrastes, nos quedamos sin habla. Claro que no pueden transmitirnos el olor del mar, del aire, de la arena...Ni tampoco los sonidos. Pero de alguna manera a través de los ojos parecen activar nuestro cerebro, todo nuestro organismo y las olas nos salpican y el agua está fría y sabe salada y la brisa nos roza con sonido leve.
Como alguien decía: no es extraño que haya tantos queriendo quedarse con ella, con la Tierra, intentando que los demás soñemos con paraísos futuros. Para qué otro cielo diferente del que las fotos nos regalan. Para qué paraísos imaginados y no la realidad de la materia vestida de gala. Así que incluso ante estas ventanas en dos dimensiones es posible cerrar los ojos y sentir el mar, el sol y el ruido de las olas. 


lunes, 9 de enero de 2012

Una figura




Fusión. Formando parte de la sinfonía de grises, una figura solitaria avanza ignorando el cielo que va cayendo, espeso de nubarrones, sobre ella. Mar, tierra y nubes forman un todo fragmentado sólo, en cierta manera, por el hombre que posiblemente sienta, vea o piense estos "fragmentos". Podríamos decir que es él quien los separa al pensarlos o sentirlos. Y al mismo tiempo, sabiéndolo o no, está dentro de la sinfonía. Quizá sí lo sepa y por eso se adentra cada vez más en ella conservando su propia tonalidad.
Invierno. Playa desierta. Lo que llamamos Naturaleza descansa brevemente de quienes, formando parte de ella, viven ignorándola.
 

domingo, 1 de enero de 2012

A veces...


A veces estamos cansados de acercarnos a las personas.
A veces nos gustaría dejar de lado cualquier empatía.
A veces quisiéramos no imaginar ni intentar asomarnos a la historia que cada uno, sin hablar, quiere contarnos.
A veces desearíamos mirar a alguien, su cara, como quien mira una roca. Aunque ésta también tenga su historia, más antigua y larga que la nuestra.
A veces nos apetecería ver una sonrisa, sin mirarla, y responder a ella sin saberlo.
Así que podemos intentar pasar los ojos por la media sonrisa, con su punto y aparte, de este joven gitano. Pasear la vista por su rostro de colores vivos, como quien admira los colores de las rocas de una montaña...Disfrutando de ellos sin preguntarnos nada.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Belleza


La belleza de esta cara inquieta levemente. Se nos acerca demasiado lanzándonos la atracción de su mirada. No pueden ignorarse unos ojos que miran así, con esa intensidad azul, desde no sabemos dónde. Nos sonríe con labios que sabe bellos. Una sonrisa tal vez irónica, tal vez amable o quizá amablemente irónica. Es el rostro hermoso y denso de una persona que desafía a la vida. De una mujer que pinta sobre su belleza el escudo de otra belleza que la proteja. No sabemos con qué resultado.
Alejándonos, sentimos los focos azules tras de nosotros. Dejamos otra historia a la que nos hemos asomado y de la que guardamos la imagen de lo que creemos haber visto.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Felices fiestas


El azul oscuramente luminoso nos convoca a una fiesta. Antigua y vestida con diferentes trajes tradicionales o modernos. Es el solsticio: de invierno para unos, los que vivimos en el hemisferio norte, y de verano para quienes viven en el sur.
Bajo los colores y luces de esta época del año las fiestas se superponen unas a otras, revolviendo y priorizando de forma diversa  tradiciones, países y culturas. Ni para todos es Navidad ni para todos empieza un nuevo año. Ese "traje" cultural es el nuestro, el de nuestro rincón. Un traje que aprieta a algunos y a otros les queda ancho y otros ni poseen. Pero desde multitud de lugares como éste, luces y estrellas pueden acoger a cualquiera con el vestido que tenga.
Así que desde la fiesta general del solsticio, os invitamos a juntaros a ella. La oscuridad  azulada de la imagen nos acoge a todos. Aun  a los que no celebran fiestas  pero pasan cerca y quieran unirse al calor de las voces y la música. Aun con el desconcierto que provoca la mezcla de culturas, religiones y tradiciones que recorre el planeta y el mercado que con ellas se hace.
La música suena, nuestro trozo de planeta se desnuda para adormecer y reponerse del trabajo hecho durante el año y nosotros lo celebramos. Con el vestido que queramos cada uno. Que la fiesta sea tan viva como lo que celebra.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Ida y vuelta



Podemos fijarnos en diferentes aspectos de lo que vemos, o con miradas diversas. En este caso puede resultarnos curioso constatar que en la primera imagen (de ida a) prácticamente todo son líneas rectas incluyendo las sombras. Por eso los árboles parece que tengan el pelo revuelto. Y en la segunda, (de vuelta de) la mayoría son formas onduladas, también el firme de la calzada, los troncos de los árboles y las sombras. Sólo una recta que diríamos nos dirige. Puro azar este contraste en las imágenes, para unos. O señal de algo (en el sentido de "indicio inmaterial de una cosa") para otros.
Con seguridad sabemos que, en un caso, en el amanecer que nos rodea todo parece ir desperezándose, abriendo los ojos a la luz que asoma y en el otro, vamos abriendo camino a golpe de faros en la oscuridad de una noche que da la impresión de acogernos poco a poco. Y la persona, a la ida y a la vuelta, forma parte de ese amanecer y esa oscuridad, a la vez que los atraviesa.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Un viajero


Un hombre joven en el tren. Nacido en Pakistán y camino de Francia. Lleva, como todos nosotros, su vida a cuestas. Y también como cada persona es impenetrable, un misterio para los otros. Por mucho que nos miremos, acerquemos y convivamos, es así. Más aún cuando el encuentro y el diálogo son breves. Y a  pesar, en este caso, del rostro  denso e interesante, expuesto y desnudo que parece decir tanto. Pero ¿qué? No sabemos. Querríamos, sentimos interés por lo que hace que sea como es y tenga la expresión que tiene. Nos gustaría conocer una vida que suponemos tan diferente a la nuestra. No podemos. Por eso nos dejamos atrapar por su presencia y fijamos la imagen del desconocido cuyo mundo hemos rozado inesperada y efímeramente.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La pelu




Una fotografía cuenta también historias. Y esta serie de imágenes nos sugiere varias: La del perro que es y parece saberlo, uno de los dueños de la peluquería y parte importante de ella. De un espacio que suele ser uno de los rincones/refugio más acogedores de una ciudad. La de la mujer con la expresión relajada de quien está descansando, a cubierto,temporalmente, de obligaciones y responsabilidades con la respetable excusa de la funcionalidad estética. Nos explica también la especial relación del dálmata con quienes comparten su vida. Sólo su expresión vigilante, atenta e incluso alerta, nos dice mucho del  mundo en que se mueve, de esa peluquería a la que él y su actitud dan un cierto tono surrealista y a la historia hecha de historias, un final abierto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un rostro


No podríamos asegurar si la mujer que nos mira sonríe con los ojos y con todo el rostro. O si expresa una tristeza honda a través de su sonrisa. Puede ser que sus ojos nos estén expresando una cosa (¿qué?) y el resto de la cara otra... Mira, ciertamente, con amabilidad cansada.
Porque toda ella revela una fuerte mezcla de cansancio y resistencia que nos la hace cercana, difuminando el relativo exotismo que para alguien pudiera sugerir su vestido.
Es difícil que al acercarnos a una persona podamos seguir considerándola "exotica", es decir: extraña, forastera, insólita, extranjera...Es difícil no ver todo lo básico que tenemos en común. Es difícil, por ejemplo, no entender la ambigüedad sincera de esa sonrisa y no sentir la  fatiga y la fuerza que irradia esta mujer que ha hecho un descanso en su cansancio para acompañarnos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La sombra


Nos gustaría pensar que el pavo ha descubierto  su sombra y la observa. Es muy improbable que "sepa" lo que está viendo. ¿Ve una  forma oscura que se mueve si él lo hace? ¿Puede estar experimentando para averiguar lo que es? Quizá simplemente picotea algo. Nosotros,sí, contemplamos el pavo y lo que sabemos  es el "hueco" dibujado por el sol al chocar con su cuerpo. ¡Quién sabe! Lo que ocurre dentro de la mayoría de los seres nos es, realmente, desconocido.
Podemos admirar sin más ese fragmento azul de vida, paseando y unido a su sombra, ajeno a quien lo mira.
 

domingo, 20 de noviembre de 2011

Pueblo de cemento







¡Qué frío! Una calle desconsoladora que estremece y bloques de pisos fúnebres de los que parecen haber huido hasta los muertos o sus huesos.
Se necesita todo el amor y el dolor de quienes visitan a sus habitantes para que el desamparo y la angustia no los convierta en hielo. Aquí los muertos son más muertos y los vivos que se acercan, menos vivos. Falta tierra, falta hierba, falta aire.
Sólo el ciprés, al fondo de un recodo, tras una cruz, ayuda a escapar hacia niebla y montañas vivas.
Hay cementerios que arropan, que consuelan, que nos muestran con calma la realidad de la muerte. Los hay hasta alegres, con árboles, flores y bancos donde apetece sentarse a charlar con la ausencia de alguien.Y marchar serenamente triste.
Este pueblo de cemento y negrura sólo invita, eso, a la huida, al llanto, al miedo...

jueves, 17 de noviembre de 2011

Espejo


Las dos mujeres son imágenes para quienes las miramos. La del espejo, envuelta en luz, nos mira sin saberlo. Y, oscurecida  por la claridad que la ignora, la otra la observa y se observa.
 La cámara muestra ese juego y nos indica con su lenguaje lo que sólo nuestro cerebro, colaborando con los ojos, nos permite descifrar.
 Al intentar expresar la realidad, en cierta manera deja de serlo y se convierte en su representación. Pero, sea con la cámara, con las palabras o con cualquier otro instrumento, hay quienes consiguen que una y otra parezcan lo mismo y entendamos. Y en este caso una carnalidad buscada nos acerca a quien mira y nos aleja de una claridad enmarcada. Aunque...quién sabe. La realidad podría ser otra.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un paseante en el parque


Sólo a través de las lágrimas o la lluvia podríamos percibir así la realidad de un parque. Y las lágrimas darían más sensación de calidez que la que nos  transmite lo que vemos. Todo rezuma agua y frío y da la impresión de que árboles, pavellón y estanque quieren escaparse entre la niebla que desciende de las nubes.
 Entrar en  este jardín tembloroso y húmedo hace que esa  niebla llegue hasta muy dentro del paseante, en forma de melancolía y misterio. Aunque melancolía y misterio son sensaciones de ese paseante. La realidad que le rodea es la de  un parque solitario en un día  lluvioso.  Es la imagen la que nos habla, con su lenguaje cifrado, no de él sino de lo que percibe y siente quien lo atraviesa y observa. Así que  quienes la miramos, vemos la imagen e imaginamos la realidad. Y viendo la imagen, imaginamos al paseante que...
 

martes, 8 de noviembre de 2011

Cuadro


Suavidad de colores y formas; difuminados luminosos  enmarcando el cuerpo sin separarse de él: es lo primero que captamos. Si miramos con más atención -y mirar es algo muy complejo- la delicadeza se va traduciendo en la fuerza y armonía de piel, músculos, huesos...todo lo que  forma el organismo del ser más complejo de nuestro pequeño mundo.
La quietud hecha del equilibrio inconcebible de infinitos movimientos podría desconcertarnos si pensáramos en ello. Y asombro sería nuestra principal emoción ante el cuerpo desnudo de una persona. Desconcierto y asombro necesitan tiempo y capacidad de descubrir lo que hay bajo colores y formas: una contradictoria solidez  que no reniega de la suavidad y delicadeza con la que se nos muestra.
 
 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Tempus Fugit


Sentados en las márgenes del río de la prisa y de la velocidad urbana, cada uno de estos hombres lo contempla y vive a su manera: unas manos, agarradas firmemente al bastón y al banco; las del otro, diríamos que buscan apoyo mutuo, temerosas y perdidas. Una expresión atenta al agua que corre turbia y revuelta; la otra, indecisa, sin saber qué hacer ante ella.
Aunque quizá sean simplemente dos hombres que descansan. Y quizá también , sin saberlo pero sintiéndolo, ese descanso lo hagan realmente  en la orilla de la corriente alocada que parece arrastrar todo y a todos. Resistiendo uno; con miedo y fatalismo el otro. Un lunes en la gran ciudad.