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domingo, 16 de septiembre de 2012

Subsuelo



A veces puede ocurrirnos por ejemplo, como hoy: caminando por el subsuelo, gota en la corriente que recorre cauces sinuosos, una mirada azul  nos detiene y, por unos momentos nos sosiega.  Un instante sólo porque un afluente hecho de miradas oscuras vuelve a agitarnos. Como agitados son los rictus y movimientos de la mujer que busca la corriente de otro río.
 Y ya en nuestro refugio, al abrir un libro, encontrar -sabemos que las coincidencias existen- precisamente los versos de C. Martín Gaite: "Se me ha gastado el día/ atropelladamente/ en idas y venidas,/ en gestos y recados/ que al hacerlos juzgaba necesarios.(...)/ El número equis ene de mis días/ murió de muerte necia./ Ahora lo estoy llorando/ cuando veo a las nubes/ ponerse un traje grana/ para morir también".


jueves, 30 de agosto de 2012

Rojo y verde




Rojo y verde: dos laberintos entrelazándose. Rojo que ha salpicado la cara e ilumina la piel, tan blanca. Colores fuertes enmarcando los ojos donde los dos colores se funden. Ojos cuyo misterio puede que esté en cómo se hunden en todo lo que ignoran, en lo que intuyen y en lo que saben... Son los de una mujer fuerte y frágil al mismo tiempo.
 Sabemos que la luz que se concentra en ella, la luz que desprende, la deja demasiado expuesta. Quizá pueda esconderse, intentarlo, como lo hace aquí tras los árboles. Pero asoma, con un ligerísimo esbozo de sonrisa que nos dice que conoce o intuye esa fragilidad y esa fortaleza. Para, finalmente, salir de su escondite, encuadrada en verde.
 Nos cuesta apartar la mirada de esta mujer fuego, de este misterio que captamos y proyectamos sobre ella. Abandonamos el laberinto y nos queda en la retina el blanco de sus brazos y, esta vez, el rojo de los labios.



sábado, 18 de agosto de 2012

Madamme Mouche


Las gafas y lo reflejado en ellas casi nos impiden ver su cara, así que la expresión de la boca resulta ambigua. Parece haber hecho de esos cristales su escondite, un refugio. Y desvía así las miradas hacia su buscada y personal elegancia.
 Todo en su vestuario da la impresión de haber sido elegido con cuidado y colocado de una forma y en un ángulo nada casuales. Cubriendo y luciendo al mismo tiempo su edad.
 Es la imagen de una mujer que quiere verse y mostrarse elegante. Probablemente más lo primero que lo segundo. Sentimos ante ese rostro semioculto y esa figura que tanto nos sugiere y tan contradictoria, respeto e interés. Aunque una y otra vez intentamos quitarle las gafas para poder verla realmente, para reconducir nuestra mirada hasta los ojos que oculta. La imagen no nos deja. Probablemente la mujer tampoco.

viernes, 27 de julio de 2012

Destello


La imagen desprende una luz esmeralda y dorada que baña los ojos, el pelo, las sombras en la piel; incluso la pared. ¡Qué sensación de suavidad luminosa y joven! Desearíamos creer que la belleza es una señal de bondad sin que la no-belleza pudiese no serlo.
 Ella sabe que está "posando" y aún así, el gesto de la mano como apoyándose en la pared pero sin hacerlo -casi parece una caricia- y la sonrisa insinuada en labios y ojos, le devuelven naturalidad.
Es otro de los destellos con los que de vez en cuando nos encontramos por los laberintos de la ciudad. Un destello, en este caso, que nos parece atravesar el agua que, obviamente, no existe.
 


miércoles, 13 de junio de 2012

Otra historia


En la primera y rápida ojeada creemos ver a un personaje de una película de ciencia ficción futurista. Pero al mirar con calma nos damos cuenta de que los auriculares, el peinado, las asas de la mochila... nos han confundido. Nada de película de ciencia ficción ni futurismo: es un muchacho real del mundo de ahora mismo con  su mestizaje de gentes y estilos.
 Si seguimos observando la imagen, nos resultan contradictorios el peinado y la expresión, en cierto modo desolada, de la cara. Aunque no podamos explicar el porqué de esa sensación. Una cara, además, de rasgos agradables y sensuales.
 El chico se ha vestido con esmero y algo en él nos dice que se siente lejos de su barrio. Vuelto hacia adentro, sólido e indefenso: otra historia que se nos queda por el camino, sin poder leerla. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Catedral ferroviaria




Una casi catedral ferroviaria. Observamos con extrañeza la ausencia de movimiento y de pasajeros, propios de una estación. Vidrieras, cúpulas, arcos e iluminación crean un espacio hermoso con cierto aire de museo en el que unas  pocas personas ocupan márgenes mínimos.
Sólo cobra vida en el andén, bajo la bóveda acristalada de líneas ondulantes, cuando nos va  acercando a una mujer con la que forma una especie de estampa oriental. Una mujer aparentemente ajena a nuestra presencia pero cada vez más próxima.
Museo ferroviario o estación viva. Ni la bóveda ni la mujer abstraída nos lo descifran.
 


jueves, 1 de marzo de 2012

Variedad de sedimentos



Podríamos estar en un zoco árabe, siguiendo el rastro del olor del Kebab que nos lleva al puesto de un...¿egipcio? La imagen, no sabemos si también la realidad que retrata, es la de una acogedora y cálida jaima y su dueño parece sorprendido y contento con nuestra presencia. Es el centro blanco y vivo de un entorno de tonos castaños que también se enredan en su cuello.
Pero no es un zoco árabe sino una feria, un mercadillo, que puede estar en casi cualquier pueblo de esta península que baila entre Mediterráneo y Atlántico. Porque a las personas nos mueven de un sitio a otro muchos tipos de vientos, que nos dejan anclados allí donde cesan y, por ello, todas las tierras están hechas de una infinita variedad de sedimentos. Aunque lo olvidemos.



domingo, 12 de febrero de 2012

No pudimos, no quisimos


¡Qué extraña nos resulta una mirada tan directa de un desconocido, aunque sea a través de una fotografía! La expresión de la cara de este hombre nos produce cierta incomodidad. 
Da la impresión de que está en el dintel de la puerta que separa dos mundos: el suyo y el ajeno.
Aprender a leer expresiones y miradas es largo y difícil. Cuesta. Por eso muchas  veces nos gustaría fijarnos sólo en colores, formas y texturas de caras y ojos. Como si detrás de ellos no hubiera más que piedra, madera o metal, como en una escultura. Poder mirarlos con placer o desagrado. Sin implicaciones ni consecuencias. Que esos ojos no penetraran los nuestros. Y, como en este caso, los labios cerrados y la mirada oscura no nos cerrasen el paso. No nos interrogasen...
 La puerta, semicerrada, la inclinación inestable del cuerpo, nos alejan. Nos despiden. No pudimos, no quisimos, pasar la frontera.


miércoles, 25 de enero de 2012

Proa



La imagen nos muestra una escena cotidiana y clara: un hombre mira el puerto y el mar desde lo alto de la ciudad. Pero algo hace que miremos la fotografía una y otra vez. La cámara nos dice más, no sabemos exactamente qué. ¿Lo sabía quien quiso guardar esa escena? ¿Lo intuía? Nada de símbolos. No. Algo igualmente real pero oculto bajo capas de cotidianeidad y que se deja ver lo suficiente como para atraparnos en la aparente simplicidad de lo que nos muestra.
Ese espacio que nos dirige con su flecha a una especie de vacío, arrincona a alguien en sus márgenes. O ese alguien se instala allí. Tal vez no sea eso lo que nos quiere revelar la cámara. Tal vez lo que intenta comunicar la imagen nos intriga, nos obliga a volver sobre ella, precisamente porque no podemos estar seguros de su realidad secreta ni de que ésta resulte de la voluntad de quien la captó. Nos quedamos a escuchar lo que nos dice mirando lo que nos deja ver.

miércoles, 18 de enero de 2012

La transportista




Ajena a cualquier mirada, nos atrae precisamente por eso. La simplicidad de líneas y la sobriedad de esta mujer se convierten en una forma de camuflaje que quizá necesite en el todavía mayoritariamente masculino mundo de los transportistas.
Su trabajo en una gran ciudad exige concentración, rapidez, habilidad y eso es lo que  ella transmite, aunque por un momento la expresión de su cara nos dice que se ha ido lejos. Un viaje corto, no hay más tiempo.
Nos atrapa esta mezcla de juventud y seguridad. Mantiene nuestra atención en la protagonista de una escena, aparentemente banal, con la que hemos tropezado dentro del enorme lienzo brugheliano de la ciudad.

domingo, 1 de enero de 2012

A veces...


A veces estamos cansados de acercarnos a las personas.
A veces nos gustaría dejar de lado cualquier empatía.
A veces quisiéramos no imaginar ni intentar asomarnos a la historia que cada uno, sin hablar, quiere contarnos.
A veces desearíamos mirar a alguien, su cara, como quien mira una roca. Aunque ésta también tenga su historia, más antigua y larga que la nuestra.
A veces nos apetecería ver una sonrisa, sin mirarla, y responder a ella sin saberlo.
Así que podemos intentar pasar los ojos por la media sonrisa, con su punto y aparte, de este joven gitano. Pasear la vista por su rostro de colores vivos, como quien admira los colores de las rocas de una montaña...Disfrutando de ellos sin preguntarnos nada.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Belleza


La belleza de esta cara inquieta levemente. Se nos acerca demasiado lanzándonos la atracción de su mirada. No pueden ignorarse unos ojos que miran así, con esa intensidad azul, desde no sabemos dónde. Nos sonríe con labios que sabe bellos. Una sonrisa tal vez irónica, tal vez amable o quizá amablemente irónica. Es el rostro hermoso y denso de una persona que desafía a la vida. De una mujer que pinta sobre su belleza el escudo de otra belleza que la proteja. No sabemos con qué resultado.
Alejándonos, sentimos los focos azules tras de nosotros. Dejamos otra historia a la que nos hemos asomado y de la que guardamos la imagen de lo que creemos haber visto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un rostro


No podríamos asegurar si la mujer que nos mira sonríe con los ojos y con todo el rostro. O si expresa una tristeza honda a través de su sonrisa. Puede ser que sus ojos nos estén expresando una cosa (¿qué?) y el resto de la cara otra... Mira, ciertamente, con amabilidad cansada.
Porque toda ella revela una fuerte mezcla de cansancio y resistencia que nos la hace cercana, difuminando el relativo exotismo que para alguien pudiera sugerir su vestido.
Es difícil que al acercarnos a una persona podamos seguir considerándola "exotica", es decir: extraña, forastera, insólita, extranjera...Es difícil no ver todo lo básico que tenemos en común. Es difícil, por ejemplo, no entender la ambigüedad sincera de esa sonrisa y no sentir la  fatiga y la fuerza que irradia esta mujer que ha hecho un descanso en su cansancio para acompañarnos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Espejo


Las dos mujeres son imágenes para quienes las miramos. La del espejo, envuelta en luz, nos mira sin saberlo. Y, oscurecida  por la claridad que la ignora, la otra la observa y se observa.
 La cámara muestra ese juego y nos indica con su lenguaje lo que sólo nuestro cerebro, colaborando con los ojos, nos permite descifrar.
 Al intentar expresar la realidad, en cierta manera deja de serlo y se convierte en su representación. Pero, sea con la cámara, con las palabras o con cualquier otro instrumento, hay quienes consiguen que una y otra parezcan lo mismo y entendamos. Y en este caso una carnalidad buscada nos acerca a quien mira y nos aleja de una claridad enmarcada. Aunque...quién sabe. La realidad podría ser otra.

martes, 8 de noviembre de 2011

Cuadro


Suavidad de colores y formas; difuminados luminosos  enmarcando el cuerpo sin separarse de él: es lo primero que captamos. Si miramos con más atención -y mirar es algo muy complejo- la delicadeza se va traduciendo en la fuerza y armonía de piel, músculos, huesos...todo lo que  forma el organismo del ser más complejo de nuestro pequeño mundo.
La quietud hecha del equilibrio inconcebible de infinitos movimientos podría desconcertarnos si pensáramos en ello. Y asombro sería nuestra principal emoción ante el cuerpo desnudo de una persona. Desconcierto y asombro necesitan tiempo y capacidad de descubrir lo que hay bajo colores y formas: una contradictoria solidez  que no reniega de la suavidad y delicadeza con la que se nos muestra.
 
 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Tempus Fugit


Sentados en las márgenes del río de la prisa y de la velocidad urbana, cada uno de estos hombres lo contempla y vive a su manera: unas manos, agarradas firmemente al bastón y al banco; las del otro, diríamos que buscan apoyo mutuo, temerosas y perdidas. Una expresión atenta al agua que corre turbia y revuelta; la otra, indecisa, sin saber qué hacer ante ella.
Aunque quizá sean simplemente dos hombres que descansan. Y quizá también , sin saberlo pero sintiéndolo, ese descanso lo hagan realmente  en la orilla de la corriente alocada que parece arrastrar todo y a todos. Resistiendo uno; con miedo y fatalismo el otro. Un lunes en la gran ciudad.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Heliocentrismo


Aunque el parasol sea el centro aparente de la imagen, en realidad lo es la luz solar. Una luz que ilumina y desdobla en sombras las varias historias que por unos momentos comparten calma y contemplación. El mar  absorbe y refleja miradas y  esa  luz  que le da profundidad y movimiento.
 La escena, vista desde fuera, es al mismo tiempo íntima y abierta; banal y asombrosa. Como también puede decirse que es banal y asombroso el mundo del que forma parte. Tan pequeño para lo que llamamos Universo (?) y tan único  para nosotros.