lunes, 28 de mayo de 2012

Fantasma


Es hermoso ver ese gato que se desliza, brillante, atravesando la noche oscura y roja. Se nos acerca prudente y curioso.
 Pero otras noches también oscuras, más negras y atravesadas por rojos eléctricos, el fantasma blanco y sigiloso parece que nos acecha rondando por nuestros sueños.
Noches, sueños, visiones. Colores que juegan. Somos nosotros  los que recreamos, con esos colores y sueños, las múltiples caras de una  realidad poliédrica. Caras que coexisten, se superponen, se alternan. Y así el mismo gato, la misma oscuridad rojiza no son siempre, para nosotros, el mismo gato ni la misma oscuridad. La realidad se esconde y se nos escapa. Es difícil de atrapar...

miércoles, 16 de mayo de 2012

Fragmento urbano


Fragmento urbano formado por multitud de elementos. El núcleo, la mujer enmarcada por escaleras, sueños y gente de paso. Da la impresión de ser la única persona estable de un mundo de transeúntes.
Nos atrae su expresión, enmascarada por una aparente inexpresividad, que nos deja ver cansancio y desgana y fuerza para olvidarse de ello. Eso creemos.
Su presencia suave y firme nos hace ser conscientes de que escaleras y corredores son lugares de paso por los que seguimos camino nosotros y ella.
Momentos. Figuras movedizas. Ciudades.

martes, 1 de mayo de 2012

Azabache


Los dos brillantes fragmentos de azabache se clavan en nosotros, sin violencia, pero con la intensidad de quien está acostumbrado a enfrentarse a lo desconocido y al riesgo.
 Esas brillantes joyas desparraman por la piel su negrura, a la vez que ésta se diluye sobre ella en diferentes matices que subrayan pliegues y gestos, creando una enigmática expresión.
 Dura y vital, ofrecida y oculta cara la que nos ha mostrado, en un inesperado regalo, el hombre de oscuro resplandor que ha rozado nuestra vida levísimamente y, por un breve instante, nos ha mirado. 
  

martes, 10 de abril de 2012

Cuerpo y piel



 La primera impresión es la de que ambas imágenes son semejantes: el tul oscuro jugando con la luz y las sombras sobre la piel y los cabellos. Sin embargo, en una de ellas, el cuerpo está en una especie de movimiento inestable y contenido y en la otra se ha deslizado, como olvidado de sí mismo. Y sin embargo sabemos que no olvida la mirada de la cámara.
Decir "cuerpo" y "piel" puede hacernos olvidar que esa piel, ese mapa de infinitas terminaciones nerviosas, pone en contacto el interior de una persona con todo lo que le rodea. Delimita y dibuja un organismo único e irrepetible. Como lo es esta belleza estilizada tan diferente de la belleza de otros momentos de la vida.
Nos alejamos del escondite donde siguen jugando luces y sombras con la piel y el tul que la matiza.

viernes, 6 de abril de 2012

La cuadrilla


Cuatro hombres, cuatro expresiones diferentes, cuatro posturas: un momento de descanso en un lugar y desde una perspectiva no habitual para ellos. Risueños, excepto el que intenta esbozar una sonrisa convertida en mueca. Si miramos más detenidamente, sus caras manifiestan cierto distanciamiento, cierta perplejidad pero también el convencimiento de haberse ganado esa tregua.
Los cuatro, con los cascos -la forma en que lo sostiene uno de ellos seguro que tiene su historia-, sus chalecos y su ropa, nos muestran la distancia que los separa de la fachada, de sus balcones de elaboradas cornisas. Pertenecen a otros mundos aunque construyan también ése y forman una imagen que expresa a la vez dureza, bienestar, descanso y trabajo. 

viernes, 30 de marzo de 2012

Explosión



A ciertas horas, en la ciudad, una masa gris camina apresurada con expresión vacía. Aparentemente en la misma dirección. De repente, de vez en cuando, alguien rompe ese gris clónico con una explosión de color y vida. Más raramente aún ese alguien nos ve. Y le vemos.
Y así, hoy, la mujer con este rostro denso, fuerte y hermoso se nos aparece como un ángel humano. Y la ciudad se vuelve  más leve, más brillante. No haría falta ni siquiera tanta belleza. Bastarían ese color, esa luz, esa expresión de quien vive y ve...




lunes, 26 de marzo de 2012

Depredadores


La impresión que nos produce esta imagen es contradictoria. Un niño, palomas que se acercan a él y a la cámara. Podría ser una escena que transmitiera paz y bienestar. Pero la cara de ese niño, crispada por la sorpresa  brusca de lo que no se espera, centra nuestra mirada no dejándonos sentir esa calma. El hervidero de aves que le aprisionan y el vuelo que desdibuja al animal que se dirige hacia nosotros tampoco nos sosiegan.
Y sin embargo, también lo sabemos, es la agradable y cotidiana escena de un niño que da de comer a las palomas. La complejidad de lo real.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Catedral ferroviaria




Una casi catedral ferroviaria. Observamos con extrañeza la ausencia de movimiento y de pasajeros, propios de una estación. Vidrieras, cúpulas, arcos e iluminación crean un espacio hermoso con cierto aire de museo en el que unas  pocas personas ocupan márgenes mínimos.
Sólo cobra vida en el andén, bajo la bóveda acristalada de líneas ondulantes, cuando nos va  acercando a una mujer con la que forma una especie de estampa oriental. Una mujer aparentemente ajena a nuestra presencia pero cada vez más próxima.
Museo ferroviario o estación viva. Ni la bóveda ni la mujer abstraída nos lo descifran.
 


jueves, 1 de marzo de 2012

Variedad de sedimentos



Podríamos estar en un zoco árabe, siguiendo el rastro del olor del Kebab que nos lleva al puesto de un...¿egipcio? La imagen, no sabemos si también la realidad que retrata, es la de una acogedora y cálida jaima y su dueño parece sorprendido y contento con nuestra presencia. Es el centro blanco y vivo de un entorno de tonos castaños que también se enredan en su cuello.
Pero no es un zoco árabe sino una feria, un mercadillo, que puede estar en casi cualquier pueblo de esta península que baila entre Mediterráneo y Atlántico. Porque a las personas nos mueven de un sitio a otro muchos tipos de vientos, que nos dejan anclados allí donde cesan y, por ello, todas las tierras están hechas de una infinita variedad de sedimentos. Aunque lo olvidemos.



martes, 21 de febrero de 2012

Cielo líquido


Metemos los pies en las nubes y por un momento, muy fugaz, no entendemos. ¿Un cielo líquido? Después...sentimos, sabemos, aunque nos queda la huella de ese destello de ambigüedad placentera que matiza en la piel el roce suave del agua.
Nos alegra, nos consuela encontrar este fragmento de Naturaleza humanizada. Es posible su existencia; es posible la armonia entre la Tierra y nosotros. Aún. De forma inconexa y precaria.
 ¿Por qué no disfrutar ahora de que este instante y este lugar existen? Podemos, con el placer del juego y ya sin sorpresa, abrir caminos en las nubes y el cielo. Anocheciendo con ellos.

domingo, 12 de febrero de 2012

No pudimos, no quisimos


¡Qué extraña nos resulta una mirada tan directa de un desconocido, aunque sea a través de una fotografía! La expresión de la cara de este hombre nos produce cierta incomodidad. 
Da la impresión de que está en el dintel de la puerta que separa dos mundos: el suyo y el ajeno.
Aprender a leer expresiones y miradas es largo y difícil. Cuesta. Por eso muchas  veces nos gustaría fijarnos sólo en colores, formas y texturas de caras y ojos. Como si detrás de ellos no hubiera más que piedra, madera o metal, como en una escultura. Poder mirarlos con placer o desagrado. Sin implicaciones ni consecuencias. Que esos ojos no penetraran los nuestros. Y, como en este caso, los labios cerrados y la mirada oscura no nos cerrasen el paso. No nos interrogasen...
 La puerta, semicerrada, la inclinación inestable del cuerpo, nos alejan. Nos despiden. No pudimos, no quisimos, pasar la frontera.


jueves, 9 de febrero de 2012

Refugio


Más que feo, nos parece un rincón triste, de una tristeza solitaria, desvencijada, nadando en un olor fuerte e indefinible. Y quizá no  sea así para quien lo vive como refugio. El calendario, por ejemplo, puede ser algo  obsceno o la puerta a un breve paréntesis de sueños placenteros para quien es posible que no pueda vivir demasiados. Los objetos dispares distribuidos aparentemente al azar, con certeza significan algo para su dueño. No están abandonados nos dice la manta doblada.
 El desagrado hace que no queramos  abrir esa puerta. O el respeto. Por triste y húmedo que nos parezca el lugar en su dejadez, alguien lo habita, alguien que quizá necesite la irreal y cálida compañía de la mujer del calendario.

viernes, 3 de febrero de 2012

Sal marina


Montañas de sal marina. Ningún salinero a la vista. Nadie. En esta imagen nada nos recuerda que estamos en una isla ahora conocida por su temporada de ruido y multitudes. Muy al contrario nos transmite, con el blanco matizado de la sal y con la nitidez del amarillo de la máquina en reposo, el silencio que descubre la complejidad de la vida. Con qué facilidad nos dejamos deslumbrar por lo que brilla aunque conozcamos la existencia de mundos secretos tras esos focos.
Instantánea de un trabajo antiguo y vivo aún, cambiante y que, con tantos otros, constituyen el fondo más real y característico de una  tierra. Sal y máquina descansan del esfuerzo de quienes las mueven y la calma de un mar ausente empapa los blancos, amarillos y grises. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Proa



La imagen nos muestra una escena cotidiana y clara: un hombre mira el puerto y el mar desde lo alto de la ciudad. Pero algo hace que miremos la fotografía una y otra vez. La cámara nos dice más, no sabemos exactamente qué. ¿Lo sabía quien quiso guardar esa escena? ¿Lo intuía? Nada de símbolos. No. Algo igualmente real pero oculto bajo capas de cotidianeidad y que se deja ver lo suficiente como para atraparnos en la aparente simplicidad de lo que nos muestra.
Ese espacio que nos dirige con su flecha a una especie de vacío, arrincona a alguien en sus márgenes. O ese alguien se instala allí. Tal vez no sea eso lo que nos quiere revelar la cámara. Tal vez lo que intenta comunicar la imagen nos intriga, nos obliga a volver sobre ella, precisamente porque no podemos estar seguros de su realidad secreta ni de que ésta resulte de la voluntad de quien la captó. Nos quedamos a escuchar lo que nos dice mirando lo que nos deja ver.

martes, 24 de enero de 2012

O cavalo vermelho


 O cavalo vermelho -el caballo rojo- llaman los viejos campesinos de algunas zonas de Portugal al fuego desbocado de los incendios forestales. Cabalga por sierras y campos entre crepitar de llamas, humo y viento abrasador. Aterra, hipnotiza y destruye.
Una hoguera, como la de la imagen, es fuego semidomesticado que nos protege del frío y aleja la oscuridad del bosque. Podemos dejarnos hipnotizar por los colores ondulantes de las llamas que dibujan figuras fugaces, nos calientan y hablan con un crepitar que a veces grita. Sonidos, olores, amarillos, rojos y negros nos acompañan, conjuran la soledad y el miedo.
Sin embargo...el humo que sube con fuerza, los bordes inestables del espacio que ocupa la hoguera, la persistencia de las llamas, nos recuerdan que el fuego no es un caballo doméstico. Sólo lo hemos domado temporal y provisionalmente.  


miércoles, 18 de enero de 2012

La transportista




Ajena a cualquier mirada, nos atrae precisamente por eso. La simplicidad de líneas y la sobriedad de esta mujer se convierten en una forma de camuflaje que quizá necesite en el todavía mayoritariamente masculino mundo de los transportistas.
Su trabajo en una gran ciudad exige concentración, rapidez, habilidad y eso es lo que  ella transmite, aunque por un momento la expresión de su cara nos dice que se ha ido lejos. Un viaje corto, no hay más tiempo.
Nos atrapa esta mezcla de juventud y seguridad. Mantiene nuestra atención en la protagonista de una escena, aparentemente banal, con la que hemos tropezado dentro del enorme lienzo brugheliano de la ciudad.

miércoles, 11 de enero de 2012

Cerrar los ojos




Podemos decir realmente: ¡Qué hermosa es la Tierra! Ante lo que intentan captar las imágenes, tan iguales en sus contrastes, nos quedamos sin habla. Claro que no pueden transmitirnos el olor del mar, del aire, de la arena...Ni tampoco los sonidos. Pero de alguna manera a través de los ojos parecen activar nuestro cerebro, todo nuestro organismo y las olas nos salpican y el agua está fría y sabe salada y la brisa nos roza con sonido leve.
Como alguien decía: no es extraño que haya tantos queriendo quedarse con ella, con la Tierra, intentando que los demás soñemos con paraísos futuros. Para qué otro cielo diferente del que las fotos nos regalan. Para qué paraísos imaginados y no la realidad de la materia vestida de gala. Así que incluso ante estas ventanas en dos dimensiones es posible cerrar los ojos y sentir el mar, el sol y el ruido de las olas. 


lunes, 9 de enero de 2012

Una figura




Fusión. Formando parte de la sinfonía de grises, una figura solitaria avanza ignorando el cielo que va cayendo, espeso de nubarrones, sobre ella. Mar, tierra y nubes forman un todo fragmentado sólo, en cierta manera, por el hombre que posiblemente sienta, vea o piense estos "fragmentos". Podríamos decir que es él quien los separa al pensarlos o sentirlos. Y al mismo tiempo, sabiéndolo o no, está dentro de la sinfonía. Quizá sí lo sepa y por eso se adentra cada vez más en ella conservando su propia tonalidad.
Invierno. Playa desierta. Lo que llamamos Naturaleza descansa brevemente de quienes, formando parte de ella, viven ignorándola.
 

domingo, 1 de enero de 2012

A veces...


A veces estamos cansados de acercarnos a las personas.
A veces nos gustaría dejar de lado cualquier empatía.
A veces quisiéramos no imaginar ni intentar asomarnos a la historia que cada uno, sin hablar, quiere contarnos.
A veces desearíamos mirar a alguien, su cara, como quien mira una roca. Aunque ésta también tenga su historia, más antigua y larga que la nuestra.
A veces nos apetecería ver una sonrisa, sin mirarla, y responder a ella sin saberlo.
Así que podemos intentar pasar los ojos por la media sonrisa, con su punto y aparte, de este joven gitano. Pasear la vista por su rostro de colores vivos, como quien admira los colores de las rocas de una montaña...Disfrutando de ellos sin preguntarnos nada.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Belleza


La belleza de esta cara inquieta levemente. Se nos acerca demasiado lanzándonos la atracción de su mirada. No pueden ignorarse unos ojos que miran así, con esa intensidad azul, desde no sabemos dónde. Nos sonríe con labios que sabe bellos. Una sonrisa tal vez irónica, tal vez amable o quizá amablemente irónica. Es el rostro hermoso y denso de una persona que desafía a la vida. De una mujer que pinta sobre su belleza el escudo de otra belleza que la proteja. No sabemos con qué resultado.
Alejándonos, sentimos los focos azules tras de nosotros. Dejamos otra historia a la que nos hemos asomado y de la que guardamos la imagen de lo que creemos haber visto.