jueves, 13 de octubre de 2011

Cautivo



Quizá no sepamos qué  grado de consciencia tiene este ser con el que intercambiamos miradas. Pero no podemos dudar de que "siente" y esto nos causa un  desasosiego que transforma el zoo en cárcel y a él en cautivo. Demasiado cercano a nosotros como para sentirnos inocentes mientras lo observamos. Quizá también nos preguntemos cómo hasta ahora nuestra propia consciencia nos permitía una visión tan superficial de la vida y los vivientes. La pérdida de  inocencia convierte la observación del animal en algo indiscreto y a la vez perturbadoramente fascinante. Por eso su  imagen entre cuerdas engañosamente lúdicas se fija en la retina y en la cámara mientras casi huimos.

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