lunes, 4 de junio de 2012

Sin nombres...


Agreste y fragante son las primeras palabras que se nos ocurren ante ese paisaje. Podemos no reconocer qué plantas puntean de color violeta azulado el suelo pedregoso. Sí imaginamos el olor que quizá no tengan pero que sentimos mezclado con el de pinos y mar.
Olemos ese mar, oculto en la forma en que el viento modeló el árbol a que nos lleva el camino. Y todos los otros olores convergen en él.
Mejor guardar el secreto de estos lugares para quienes los viven. Que los olviden las guías turísticas, los reportajes y el excursionismo colectivo. Tienen el resto de la isla para poblar de nombres.

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