viernes, 30 de marzo de 2012

Explosión



A ciertas horas, en la ciudad, una masa gris camina apresurada con expresión vacía. Aparentemente en la misma dirección. De repente, de vez en cuando, alguien rompe ese gris clónico con una explosión de color y vida. Más raramente aún ese alguien nos ve. Y le vemos.
Y así, hoy, la mujer con este rostro denso, fuerte y hermoso se nos aparece como un ángel humano. Y la ciudad se vuelve  más leve, más brillante. No haría falta ni siquiera tanta belleza. Bastarían ese color, esa luz, esa expresión de quien vive y ve...




lunes, 26 de marzo de 2012

Depredadores


La impresión que nos produce esta imagen es contradictoria. Un niño, palomas que se acercan a él y a la cámara. Podría ser una escena que transmitiera paz y bienestar. Pero la cara de ese niño, crispada por la sorpresa  brusca de lo que no se espera, centra nuestra mirada no dejándonos sentir esa calma. El hervidero de aves que le aprisionan y el vuelo que desdibuja al animal que se dirige hacia nosotros tampoco nos sosiegan.
Y sin embargo, también lo sabemos, es la agradable y cotidiana escena de un niño que da de comer a las palomas. La complejidad de lo real.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Catedral ferroviaria




Una casi catedral ferroviaria. Observamos con extrañeza la ausencia de movimiento y de pasajeros, propios de una estación. Vidrieras, cúpulas, arcos e iluminación crean un espacio hermoso con cierto aire de museo en el que unas  pocas personas ocupan márgenes mínimos.
Sólo cobra vida en el andén, bajo la bóveda acristalada de líneas ondulantes, cuando nos va  acercando a una mujer con la que forma una especie de estampa oriental. Una mujer aparentemente ajena a nuestra presencia pero cada vez más próxima.
Museo ferroviario o estación viva. Ni la bóveda ni la mujer abstraída nos lo descifran.
 


jueves, 1 de marzo de 2012

Variedad de sedimentos



Podríamos estar en un zoco árabe, siguiendo el rastro del olor del Kebab que nos lleva al puesto de un...¿egipcio? La imagen, no sabemos si también la realidad que retrata, es la de una acogedora y cálida jaima y su dueño parece sorprendido y contento con nuestra presencia. Es el centro blanco y vivo de un entorno de tonos castaños que también se enredan en su cuello.
Pero no es un zoco árabe sino una feria, un mercadillo, que puede estar en casi cualquier pueblo de esta península que baila entre Mediterráneo y Atlántico. Porque a las personas nos mueven de un sitio a otro muchos tipos de vientos, que nos dejan anclados allí donde cesan y, por ello, todas las tierras están hechas de una infinita variedad de sedimentos. Aunque lo olvidemos.